Cómo organizar una cata de vinos en casa
Una cata en casa necesita menos de lo que se cree: cinco o seis botellas, una copa por persona, agua, pan y unas cuantas fichas impresas que convierten beber en catar.
Elige un tema para que los vinos tengan algo que decirse: una uva de distintos países, el mismo vino a dos precios, el viejo mundo frente al nuevo. Sirve los blancos antes que los tintos, los ligeros antes que los de más cuerpo y los secos antes que los dulces. Una copa de cata son unos 4 a 6 cl, así que una botella de cada vino da para doce invitados. La hoja del anfitrión hace la cuenta por ti con el número de invitados y de vinos.
Decide si es a ciegas. A ciegas, las botellas van en bolsas con etiquetas numeradas y los invitados apuestan. Tú guardas las soluciones en la hoja del anfitrión y las revelas al final. A la vista, todos ven las etiquetas y la velada se convierte en una conversación sobre lo que encuentra cada uno.
Prepara la mesa antes de que llegue nadie. Pon una ficha en cada sitio: Verdetto coloca las copas en fila sobre círculos numerados, con espacio bajo cada una para estrellas, una palabra, una apuesta y lo que pagarían. Pon agua, pan sin sabor y una escupidera o una jarra para tirar lo que sobra. Catar no es beber, y la velada sale ganando.
Acompaña a los invitados con la primera copa, todos a la vez. La página de ayuda, Cómo catar, da los cuatro pasos (mirar, oler, probar, decidir), los cinco círculos de nota y seis palabras que pueden usar los principiantes, para que nadie se quede mirando una columna vacía. Después, deja que la mesa hable.
Al final, lee las respuestas copa a copa, cuenta los aciertos en el marcador y rellena el recuerdo de la noche: el podio, la mejor nariz, la mejor compra y el vino por el que más se discutió.
Esta página abre Un juego con amigos y elige Adivina los vinos.
Preguntas
¿Cuántas botellas necesito?
Una copa de cata son unos 6 cl, así que una botella de 75 cl da para doce copas. Hasta doce invitados, basta con una botella de cada vino. La hoja del anfitrión hace la cuenta con tus números.
¿Cuántos vinos debo servir?
Cinco o seis. Con menos hay poco que comparar. Con más, el paladar se cansa. Sirve los blancos antes que los tintos, los ligeros antes que los de más cuerpo y los secos antes que los dulces.
¿A ciegas o a la vista?
A ciegas es un juego: los invitados apuestan y tú revelas. A la vista es una conversación: todos conocen los vinos y los comparan. Las dos cosas funcionan. A ciegas resulta más animado con principiantes.
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